viernes, 27 de julio de 2018

Otro pequeño helecho, el Botrichyum lunaria

El pequeño Botrichyum lunaria que presentamos hoy pertenece a la familia Ophioglossaceae, un primitivo grupo de pequeños helechos, con una sola fronde de crecimiento por estación que se reproduce por esporas. De esta familia ya presentamos en una entrada anterior el género de los Ophyoglossum (lengua de serpiente)

Botychium lunaria, foto de ejemplar maduro sacada en otra ocasión
Aunque siempre difíciles de ver por su reducido tamaño, una vez detectado uno e iniciada la búsqueda hemos localizado un buen grupo de ejemplares en el entorno de la Fuente del Chivo, en el Alto Campoo-Cantabria a 2000 m. de altitud.

Comparativa junto a una moneda de 1 centimo
Aún tiernos, con los esporoforos sin madurar, y sin duda a falta de brotar más ejemplares, pudimos contar no menos de ¿medio centenar?. 


Es éste precisamente su hábitat: rellanos y pastos de montaña, habitualmente bañados por nieblas (como en el día de ayer en que una densa niebla iba y venía) y por períodos cubiertos por nieve; ambos hechos provocan que se mantenga un elevado grado de humedad edáfica a lo largo de todo el año. Es una especie a la que le resulta indiferente el tipo de sustrato pudiendo aparecer tanto en zonas calizas como silíceas.

En la Península Ibérica esta especie tiene un carácter relíctico y, por ello, una distribución en islas en torno a las cimas de los sistemas montañosos y cordilleras más altas. Se señala su ubicación por encima de los 1200 m. en el norte y los 1600 en el sur.

En el Catálogo Vasco de Flora Amenazada se incluye como Rara estando estrictamente Prohibida su recolección. En Bizkaia sólo está citada en el entorno del Gorbea y ha sido desde esta Sociedad desde donde se han aportado las localizaciones, siendo éstas a una menor altitud que la generalmente especificada.

Texto: Begoña Zorrakin
Fotos: Santi Patino y Begoña Zorrakin

domingo, 10 de junio de 2018

Primavera en el norte de Burgos



El viernes 1 de junio realizamos una excursión botánica al norte de Burgos. Aunque el objetivo era la Merindad de Valdeporres, de camino hicimos un par de paradas.

La primera, en la infraestructura de un desierto polígono industrial de las afueras de Espinosa de los Monteros. Allí queríamos comprobar la presencia del Epilobium brachycarpum, especie del oeste norteamericano  asilvestrada en nuestro país y encontrada por la Sociedad en esta localización hace unos años. Efectivamente ahí estaban numerosos ejemplares aunque aún empezando a salir. En los solares vacíos la vegetación ruderal prospera con ímpetu.

La segunda parada fue, desviándonos unos pocos kilómetros, en Cornejo, Merindad de Sotoscueva. Allí el objetivo era fotografiar el Smyrnium perforatum; lo hicimos y también disfrutamos de toda la exuberancia que esta primavera tardía nos está brindando. 

Smyrnium perforatum
En el rato que estuvimos pudimos disfrutar de la Lactuca perennis que fué abriendose como el día, que se anunciaba lluvioso pero que aguantó.   
Lactuca perennis

En cuanto a orquídeas, seis  especies en los apenas 50 m2 ojeados: Orchis coriophora, Acera anthropophorum, Anacamptis pyramidalis, Ophrys lutea, Ophrys scolopax y Ophrys sphegodes.
Orchis coriophora
Aceras anthropophorum
Anacamptis pyramidalis aún sin abrirse
Ophrys lutea
Ophrys scolopax
Ophrys sphegodes con una mariposa
...la preciosa Macaon
 Entre otras muchas, cómo no

Helianthemum apneninum            Híbrida de ambas              Helianthemum nummularium
Convolvulus cantabrica
Matthiola fruticulosa
Sanguisorba minor
Juniperus oxycedrus subsp. badia 
Thymus mastigophorus

Otras especies: Coronilla minor, Coronilla scorpioides, Fumana procumbens, Leuzea conifera  (cuchara de pastor), Reseda lutea, Prunus mahaleb   (arbusto, cerezo de Santa Lucía), Trifolium glomeratum, Melilotus sulcata, Orobanche gracilis, Geranium pyrenaicum, Arenaria grandiflora, Arenaria obtusiflora, Cerastium boissieri,  Muscari comosum, Muscari neglectum, Stachys recta, Carduncellus mitissimus, Globularia vulgaris, Genista scorpius, Crucianella angustifolia, Onobrychis viciifolia, Crupina vulgaris, Fumana procumbens, Aphyllanthes monspeliensis  (junquillo), Sedum acre, Sedum album, Legousia castellana, y un largo etcétera.
 
La tercera parada fue ya en la merindad de Valdeporres, cerca de Robredo de la Pueblas. Se trata de una zona muy despoblada y botánicamente muy interesante, con gran cantidad de ambientes y comunidades vegetales diferentes. Comenzamos en una ladera silicea absolutamente rebosante de flores. Allí encontramos Arnoseris minima.

Arnoseris minima
Juncus capitatus
Simethis mattiazzii

 ....Chamaespartium tridentatum, Halimium viscosum, Halimium lasianthum, Hypochaeris glabra,  Rumex acetosella …. 

Sin mover el coche pasamos a examinar el arcén de la carretera y la inmediata zona húmeda. Destacaban por su porte la orquideas de las que contabilizamos en total ocho especies de las que sólo repetíamos con la anterior parada la Orchis coriophora; además, Dactylorhiza maculata, Dactylorhiza elata, Dactylorhiza insularis, Orchis morio, Orchis champagneuxii, Serapia parviflora y Serapia cordigera.

Dactylorhiza maculata
Dactylorhiza insularis

Aún empezando a florecer, disfrutamos de la espectacular Menyanthes trifoliata, el trébol de agua
Menyanthes trifoliata
Rhinantus minor

Otras especies: Carex rostrata, Carex paniculata, Salix cantabrica, Ranunculus paludosus, etc.  

Después de comer nos detuvimos a ver una población de Convallaria majalis 
Convallaria majalis
Muy cerca encontramos la Genista sagittalis o la más habitual Melampyrum sylvaticum… en el recorrido por la carretera disfrutamos de la llamativa floración del Viburnum opulus.  

Genista sagittalis
Nuestra última parada es en Busnela; un pueblo en un enclave impresionante. Apenas iniciado el paseo regresamos al coche al empezar a llover, aunque nos dio tiempo a observar una población de Pinguicula lusitanica 

Pinguicula lusitánica
y admirar unos viejos ejemplares de Pyrus cordata  (perales silvestres) y un impresionante roble en la parte más alta del pueblo.

En conclusión, un buen día de observación en el que disfrutamos tanto de las especies poco habituales como de las más frecuentes que llenaban los campos.

Jabier Elorza
Santi Patino
Begoña Zorrakin 

jueves, 31 de mayo de 2018

...en un viejo muro





Se va enredando, enredando…
como en el muro la hiedra.
Y va brotando, brotando….
como el musguito en la piedra;
como el musguito en la piedra ay sí sí sí… 
                                        (Violeta Parra)



Resulta enternecedor descubrir rincones plenos de naturalidad en nuestros pueblos y ciudades. Suelen durar mientras pasan desapercibidos. Son estos escondrijos donde la vida silvestre encuentra refugio: insectos, caracoles, reptiles…. y plantas.

 


Voy a presentar en esta ocasión la variedad vegetal  que alberga el viejo muro de un viejo jardín; cerca, muy cerca, no os diré dónde.

Aun encontrándonos a finales de mayo, hay especies de las que sólo se empiezan a ver sus primeras hojas pero, como se ve en la foto, son ya muchas las que se encuentran en pleno desarrollo y ofrecen una magnífica sensación de conjunto.


Ninguna especie vegetal, salvo los líquenes, puede sobrevivir directamente sobre la roca; en este hábitat las especies se arraigan sobre la escasa materia orgánica que se va depositando o creando en las oquedades e irregularidades que lo permiten. Se trata, en general, de vegetales sencillos como musgos (de los que no trato en esta entrada por absoluto desconocimiento), helechos o plantas vasculares de pequeño tamaño. La fijación es superficial, difícil e insegura; se requiriere una gran especialización y no es posible el desarrollo de grandes vegetales. Algunas de las especies encontradas pertenecen a este tipo de hábitat, otras habrán germinado ahí por azar y serán capaces o no de prosperar.

Empecemos por los helechos:   

Asplenium trichomanes (Culantrillo menor) especie con enorme capacidad de soportar temperaturas extremas; es posible encontrarlo en grietas y fisuras de rocas, tanto básicas como ácidas, desde el nivel del mar a la montaña.

Asplenium trichomanes
Asplenium scolopendrium (Lengua de ciervo) es un helecho fácilmente identificable ya que sus frondes no están divididas y subdivididas en segmentos, como los están la casi totalidad de plantas de este tipo. 

Asplenium scolopendrium
Las especies del género Asplenium sirven de alimento a las larvas de varias especies de mariposas. 


Adiantum capillus-veneris  (Culantrillo de pozo) su nombre en latín deriva de su semejanza con una cabellera. Fue empleado para el cuidado del cabello según la antigua tradición de que las plantas eran medicinalmente buenas para las afecciones del órgano al que se semejaban.

Adiantum capillus-veneris
Polystichum setiferum Se trata de una especie perenne con preferencia por zonas cercanas a la costa

Polystichum setiferum                                                Detalle de la hoja
La sensación de frescura que ofrecen los helechos es sencillamente soberbia. En la foto siguiente coinciden los cuatro helechos que conviven en este muro. 



Otras especies también son abundantes:: 

Parietaria officinalis: se trata de una especie muy habitual en este tipo de hábitat. Pertenece a la familia de las ortigas. Lo de officinalis tiene que ver con un tradicional uso medicinal.
Parietaria officinalis

    Cymbalaria muralis: tiene un método de propagación poco habitual a través de fototropismo que es una respuesta vegetal al estímulo luminoso. Inicialmente, en fototropismo positivo, el tallo floral se direcciona hacia la luz pero tras la fertilización se aleja de la luz, en fototropismo negativo, para que las semillas caigan en una grieta de la pared o roca en donde germina. 
Tallo floral buscando la luz
Cymbalaria muralis

   También encontramos:

Oxalis corniculata
Bromus diandrus
Sonchus olereceus
Cardamine sp.
Acer negundo, un pequeño arce

    Y además, comenzando a crecer,  Lonicera japónica (madreselva originaria del este de Asia), Picris hieracioides, Vinca sp., Conyza sp., Euphorbia peplus, Veronica sp., la zarzamora,..

    Es cuestión de gustos la preferencia por este aparente desorden o la organización de un jardín tradicional, pero es incuestionable que en un espacio así respetado, en su libre y espontánea naturalidad, prospera una mayor biodiversidad.

Zorzal comiendo un caracol


Texto: Begoña Zorrakin (correcciones Javi Balentzia)
Fotos: Begoña Zorrakin